Optimismo ante el tejido productivo local

Estos últimos meses he tenido la suerte de poder compartir grandes momentos y conversaciones con representantes de diferentes asociaciones de ámbito local, principalmente con asociaciones de comerciantes de barrios de diferentes municipios. Hay un común denominador en todos sus representantes: el coraje.

Su entusiasmo, su deseo de aportar algo a su entorno, sus ganas de que los negocios locales sean competitivos y exitosos. Y no ya por un tema meramente egoísta, que por otra parte sería lícito, sino que incluso en algunos casos lo hacen de manera plenamente desinteresada, para ver crecer su barrio, sus compañeros / ex compañeros, sus vecinos.

Es parte de esta idea de economía colaborativa que ha experimentado un importante auge a raíz de la crisis económica que hemos sufrido y que ha hecho que miremos a nuestro alrededor y nos hagamos partícipes emocionales de los éxitos y de los fracasos de los que nos rodean. De ahí el crecimiento de los productos de Km 0 y una idea general de que mejor dar trabajo al de al lado que a uno que está a decenas o cientos de kilómetros.

Los diferentes cambios económicos y sociales nos están haciendo cambiar en muchos sentidos, y cada vez se polarizan más dos maneras de funcionar por parte de la sociedad:

  • La globalización, la expresión más cruda del capitalismo sin escrúpulos en la que las personas no somos más que un medio para conseguir un fin: que los socios / propietarios ganen más dinero, sin que el medio ambiente o la calidad de vida de la sociedad y los trabajadores (estén en el país que estén) importen mucho.
  • La localización, el trabajo en y para el entorno, la empatía social, el «vive y deja vivir», el reencontrarse a uno mismo y estar en paz con lo que nos rodea.

Nos vamos de vacaciones optimistas y esperanzados de que estamos a tiempo de hacer de éste un mundo habitable donde todos buscamos más qué podemos hacer para nuestro entorno que no lo que podemos sacar. Siempre habrá un reducto de lo de «homo homini lupus», pero entre todos podemos hacer que sea una anécdota.

Felices vacaciones

DanielOptimismo ante el tejido productivo local