Sondeos electorales y estimación de voto: ¿qué falla?

Los sondeos electorales utilizados para estimar la intención de voto de los ciudadanos se ha convertido en una tarea de gran interés social: los resultados de diferentes encuestas se hacen públicos, sirven a los partidos políticos para dirigir sus campañas electorales y a la vez hacen que los propios votantes puedan reajustar su intención de voto en función de los equilibrios de fuerzas resultantes.

La mayor implicación de los medios de comunicación y el aumento del interés de la población por los asuntos políticos ha hecho crecer la popularidad de los sondeos electorales. Con todo, el análisis de la intención de voto ha colocado la investigación social en el escaparate, de forma que un mayor o menor acierto en los vaticinios influye en una mayor o menor credibilidad de todo tipo de encuestas.

Cabe decir que la dificultad de acertar el comportamiento de voto que finalmente tendrán los ciudadanos es máxima, principalmente:

– Por el voto oculto: se mantiene una cierta tendencia a no querer manifestar el partido político a quien queremos confiar nuestro voto.
– Por el aplazamiento de la decisión de voto, que se da en muchos casos en un momento muy próximo a la propia votación; a veces porque deliberadamente se deja la decisión para más adelante, pero a menudo también porque la propia información política que se recibe durante la campaña hace que la dirección del voto se modifique.
– Por el propio sistema de votación, que hace que el reparto de escaños (Ley D’Hondt) haga más compleja la estimación.

Hay tres características que determinan la precisión de las encuestas, y que son aplicables a todo tipo de estudios cuantitativos: la representatividad (la muestra que contesta la encuesta tiene que ser un fiel reflejo de la población objeto de estudio); la fiabilidad (o precisión, que viene determinada por el tamaño de la muestra) y el momentum (el momento en el que llevamos a cabo el trabajo de campo puede influir en los resultados). Cuanto más y mejor controlemos estas variables, más realistas serán los resultados.

Por otro lado, no tenemos que olvidar que también en temas políticos estamos en un entorno VUCA: volatilidad, incertidumbre (del inglés uncertainty), complejidad y ambigüedad. Todo ello hace que los horquillas en las que se mueven los sondeos electorales sean muy amplias.

Igual que pasa en el mundo empresarial, conocer cuáles son las actitudes, las valoraciones y el comportamiento es esencial para valorar y redirigir acciones destinadas al público objetivo. Hacerlo con el máximo de garantías es crucial para llegar a conclusiones que reflejen fielmente la realidad y que permitan llegar a recomendaciones estratégicas plenamente operativas.

 
DanielSondeos electorales y estimación de voto: ¿qué falla?

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