El valor de un premio

Posiblemente muy influidos por la tradición cristiana, en nuestra sociedad tenemos muy integrado el concepto de humildad, que hace que no sepamos o no queramos reconocer abiertamente nuestros puntos fuertes. Y a menudo, incluso tenemos un cierto pudor al reconocimiento directo de alguien que nos felicita por el trabajo bien hecho. Afortunadamente lo vamos superando, porque igual que cuando las cosas no salen bien del todo le damos vueltas y vueltas y tendemos a culpabilizarnos, cuando lo hacemos bien también es necesario que seamos conscientes y que le demos su importancia. Ni que sea para compensar.

De hecho, el reconocimiento figura entre las necesidades que tenemos los seres humanos y que ya tuvo en cuenta Abraham Maslow cuando las jerarquizó en su famosa pirámide. Tal y como él lo valoraba, es un indicador de la confianza y del respeto que nos concede nuestro entorno.

Si queremos avanzar, en todos los sentidos, debemos saber reconocer qué estamos haciendo bien, y tenerlo siempre presente. Igualmente, también es necesario que reconozcamos cuándo los demás están haciendo un buen trabajo; y saberlo comunicar, creando un clima de reconocimiento mutuo que nos fortalezca y nos dé aliento para continuar en nuestro camino, no siempre fácil.

¿Pero cómo podemos medir el valor de un reconocimiento o el agradecimiento de alguien a quien hemos ayudado? Un reconocimiento no tiene gusto, no huele y tampoco lo podemos tocar; no hay termómetros, reglas ni básculas para poderlo dimensionar. Pero cuando lo recibimos, sabemos que su valor es inmenso.

Recientemente, Incognos ha recibido el premio a la mejor iniciativa de nueva creación de las comarcas del Gran Penedès, premio que otorga la FEGP. Con este premio se reconoce, principalmente, nuestra determinación a ayudar a las empresas del territorio a ser más competitivas; llegando también a las más pequeñas y que son precisamente las que menos recursos y más necesidades tienen.

Para Incognos este reconocimiento implica lógicamente ganar en visibilidad, pero sobre todo es un mensaje alentador que nos indica que vamos por el buen camino, y que la ayuda que estamos aportando al tejido productivo local es eficaz y bien valorada. Gracias, FEGP.

Si nos acostumbramos a incluir el reconocimiento, tanto propio como ajeno, en nuestro día a día contribuimos a apuntalar el trabajo que se está haciendo bien. Recordemos: todos necesitamos del reconocimiento, tanto en nuestras organizaciones como en nuestra vida privada. Es un detalle que no cuesta nada, y aunque su regreso sea difícil de medir, las repercusiones positivas son evidentes.

 
DanielEl valor de un premio

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *